ANGEL LAFUENTE – ENTREVISTA

“Yo creía que el cine eran películas, hasta que descubrí que eran camiones”.

Esta maravillosa, divertida, explícita y pedagógica frase que se atribuye al genial Woody Allen define algo que nos ha pasado a todos los que nos hemos querido dedicar a esta profesión, tan grata como dura, esclava como liberadora, el audiovisual.

Cuánto ha cambiado la industria desde que yo la conocí siendo casi un niño.

Angel Lafuente

Angel Lafuente es instructor del taller Ayudante de Dirección

Lo sigo siendo en mi interior, e intento enfrentarme a ella con la misma ilusión, aunque no siempre es fácil. Las condiciones de los técnicos se han endurecido, así como la precariedad de los presupuestos. La democratización del soporte digital ha arrastrado como una gran tromba de agua a muchas de las formas del considerado “cine de la vieja escuela”.  Algunas de esas formas eran realmente asincrónicas aunque, también, ese río poderoso se ha llevado gran parte de la sensatez y la lógica de aprendizaje, dentro de un departamento que era la base de nuestra profesión.

Un ayudante de dirección tiene más que ver con los camiones que con las alfombras rojas, sin que unas vayan en detrimento de los otros, faltaría. Desde el momento en que se juntan más de cinco personas y hay que organizar una estrategia de tiempos, planificación, estructuración y orden de trabajo, uno de nosotros va a tener que coger las riendas.

El trabajo del jefe de este departamento se basa en una dosis muy alta de lógica, sentido común, y por supuesto, experiencia, intuición, un tanto por ciento de matemática, algo de riesgo, y una comunicación continua con los jefes del resto de departamentos. Porque un ayudante siempre tiene que lidiar con el tiempo, pero “la gestión del tiempo” para los demás no siempre es la misma, y con eso se tiene que jugar.

Un plan de rodaje se puede hacer de muchas formas, tantas como criterios tenga un ayudante, pero hay unas reglas básicas que nadie se puede saltar. Condicionantes de producción, de presupuesto, de cantidad de exteriores, interiores, sesiones de personajes/actores y número de planos por secuencia que un director pretende llevar a cabo, nos condicionan a la hora de dar más o menos importancia a una secuencia dentro de una jornada de rodaje.

Mis años de trabajo me han llevado a ser un ayudante más flexible, o eso creo yo, pero tengo que reconocer que me han reafirmado en los principios que aprendí y que sigo considerando que llevan una película a buen puerto.

Mano dura y flexible a la vez, cuanto mejor preparado se arranque un rodaje, más capacidad de improvisar y dar un giro a lo previsto tendrá un equipo informado de lo que se quiere y de cómo conseguirlo.

El programa de desglose y planificación Movie Magic Scheduling es una base de datos, cada día mejor pensada, para hacer más sencillo nuestro trabajo. Pero que nadie se piense que su mejor manejo nos convierte en mejores profesionales.

Ayuda, insisto, pero el mejor ayudante es el que sabe en qué consiste la organización de los tiempos de los diversos departamentos y consigue cuadrar las necesidades de todos para conseguir terminar una jornada con el mínimo tiempo de espera entre el rodaje de una secuencia, o plano, y otra.

Mis mejores maestros nunca llegaron a utilizar este programa, pero tenían un dominio de la dinámica de trabajo increíble y una capacidad asombrosa de adelantarse a lo que iba a suceder, que en un principio me resultaba mágica, hasta que llegué a la conclusión de que está basada en una repetición de patrones, en un oficio que tiene un siglo de existencia

Confío que este taller contribuya, a través de mi experiencia, criterio y oficio, a “ayudar” (redundando en el patronímico de mi puesto de trabajo) a alumnos, curiosos, profesionales, y amantes de la ficción y del audiovisual en general, a afrontar las situaciones reales que se producen en el día a día de cualquier rodaje audiovisual, corporativo, publicidad, serie de televisión, corto o largometraje, documental o de ficción.

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